
El pasado martes 16 de junio, las puertas de la sede de Endesa en Madrid se abrieron para recibir a una auténtica escudería. Ataviados con sus camisetas rojas de Rayo McQueen, Víctor, Nicolás, Hugo, Mateo, Alonso y Adrián cruzaron la entrada con la actitud de quien sale al ring a defender un título. El equipo del CEIPSO Blas de Lezo había llegado al Festival Final de RetoTech.
Un pedazo de Marte en Madrid
Cuando desplegaron su cuartel general, nuestra mesa cobró vida: una espectacular maqueta de la «Luna de primavera» en tonos rojizos y rosados hacía las veces de superficie marciana, rodeada por el sinuoso circuito del siguelíneas, tres bólidos ambientados en el universo McQueen y el póster oficial del equipo.
Y entonces ocurrió la magia. Los nervios de las semanas previas desaparecieron en el instante en que se encendió el primer LED verde. Al verse en el centro de las miradas de los cientos de profesores y alumnos que abarrotaban la sala, los seis se crecieron. El stand del Mars-Queen no fue un escaparate mudo, sino un hervidero de debate: explicaron la telemetría, demostraron la parada de emergencia por ultrasonidos una y otra vez, y defendieron su código con una pasión contagiosa.

La lección de la sala
Pronto nos dimos cuenta de la magnitud del reto. El nivel de este año era estratosférico y la competitividad, enorme desde el primer minuto; vimos proyectos vecinos que nos superaban con puestas en escena verdaderamente imponentes.
Pero en lugar de empequeñecerse, el equipo dio una lección de madurez. Organizados como un reloj, no dejaron el stand desatendido ni un solo segundo, pero diseñaron relevos milimétricos para que todos pudieran salir a explorar. Los chicos recorrieron la sala de punta a punta, abriendo los capós de otros proyectos, nutriéndose de nuevas mecánicas y aportando su criterio constructivo a la votación de lo que debía ser el proyecto ganador. RetoTech nos demostró que la tecnología no va de competir contra el de al lado, sino de aprender con él.
El combustible del verano
A las 15:00 horas, con las maquetas embaladas y el cansancio pegado al cuerpo, se cerró el festival. No nos llevamos el trofeo principal a casa, pero en el trayecto de vuelta no hubo ni un solo minuto de silencio melancólico. Se hablaba de optimizar chasis, de nuevos sensores y de diseños 3D más arriesgados.
Alguien soltó la frase que hoy es nuestro nuevo lema oficial: «¡A la siguiente ganamos!».
Y bajo esa premisa arrancamos un verano que tendrá más de taller de prototipado que de hamaca y descanso. Porque a este equipo los retos no le frenan: le aceleran.
¡Gracias a la Fundación Endesa por la chispa, a las familias por el apoyo incondicional y a toda la comunidad del Blas de Lezo! Nos vemos en el próximo curso.
