Tras la primera fase de diseño, en la que definimos una propuesta centrada en la mejora de la accesibilidad y la adaptación de los espacios educativos, hemos comenzado a dar forma real a nuestro proyecto.
En esta segunda etapa, el equipo ha estado trabajando en la maqueta física, trasladando los planos iniciales a un espacio tangible. Este proceso nos ha obligado a tomar decisiones importantes sobre medidas, distribución y materiales, ya que todo debe encajar y funcionar correctamente.
Uno de los aspectos más interesantes ha sido reflexionar sobre cómo un mismo espacio puede cambiar de uso de forma rápida y eficiente. Nos hemos planteado hasta qué punto es posible transformar un aula en pocos segundos sin recurrir a sistemas excesivamente complejos.
Paralelamente, hemos continuado desarrollando la parte tecnológica del proyecto. Los distintos elementos comienzan a integrarse: señales, indicadores y sistemas de control van adquiriendo coherencia dentro del conjunto.
Durante este proceso también han surgido dificultades propias del trabajo técnico, como el ajuste de mecanismos, la elección de soluciones viables y la adaptación de nuestras ideas a los materiales disponibles.
Más allá del funcionamiento, nuestro objetivo sigue siendo claro: diseñar un entorno más accesible, flexible y adaptado a las necesidades de todo el alumnado.
Por ahora no podemos mostrar todos los detalles del proyecto, pero sí podemos adelantar que el espacio no será siempre igual.
Continuará.
