Estas semanas hemos vivido una experiencia muy completa: aprender a programar en Bitbloq, poner en marcha placas y componentes, y comenzar el diseño de una maqueta a partir de ideas compartidas y un primer prototipo en 3D con Tinkercad. Ha sido un proceso auténtico, lleno de descubrimientos, pequeños fallos técnicos, muchos ajustes y grandes logros que han impulsado la motivación del alumnado.

Aunque cada grupo desarrolló un reto diferente, todos siguieron un proceso similar: seleccionar bloques, organizarlos con lógica, comprobar su efecto en la placa y mejorar el resultado con sucesivas pruebas. Esto les permitió controlar LEDs, mover servomotores, interpretar sensores y crear asistentes virtuales simples conectados desde la app.
Los bloques de control, tiempos, componentes y condiciones facilitaron la comprensión de la lógica de programación, y una de las conclusiones más importantes fue evidente desde el principio: el orden de los bloques determina completamente el funcionamiento. Cada vez que un LED se encendía en el momento exacto o un sensor activaba una respuesta, la satisfacción era inmediata.
La programación por bloques reforzó la comprensión visual del proceso y la conexión entre lo digital y lo físico. Ver cómo una idea en la pantalla se transformaba en una placa que respondía con luz, movimiento o sonido ayudó a consolidar aprendizajes. A esto se sumó una constante revisión de errores y reorganización de bloques, que enseñó a los estudiantes que programar es siempre un proceso de mejora continua.


En el camino también encontramos retos. El uso de dispositivos táctiles generó dificultades: a veces los bloques no se movían con precisión, se duplicaban o era complicado eliminarlos. En algunos momentos, Bitbloq tardó en cargar o dejó la pantalla en blanco, provocando la pérdida de cambios. Además, al principio costaba localizar ciertos bloques o funciones, aunque con la práctica esto mejoró. A pesar de todo, el alumnado consiguió crear programas funcionales y ganar autonomía para resolver problemas.

Del brainstorming al 3D: así nació la maqueta


En paralelo, realizamos una sesión de lluvia de ideas para imaginar cómo sería la futura maqueta del proyecto. Surgieron propuestas sobre funciones posibles, la integración de luces o sensores y distintas opciones para la estructura. Más tarde trasladamos esas ideas a Tinkercad, donde pudimos visualizar proporciones, comprobar encajes, anticipar problemas de montaje y ajustar el diseño antes de construir nada.
Trabajar en 3D nos permitió entender que una maqueta sólida nace primero como prototipo digital, un espacio seguro para experimentar, modificar y mejorar sin miedo a equivocarse.

La experiencia completa con Bitbloq ha resultado muy positiva: es una herramienta accesible, visual y práctica, ideal para comprender la programación sin necesidad de escribir código. Su mayor fortaleza está en la manera en la que conecta el trabajo digital con resultados reales en placas y componentes. Aun así, mejorar la fluidez en tablets/iPad sería un avance importante.
Miramos ahora hacia nuevos retos: crear programas más largos y ordenados, experimentar con sensores avanzados, ampliar nuestros asistentes virtuales, coordinar varios componentes en un mismo proyecto e integrar de forma más completa la programación con la maqueta en 3D. También seguiremos buscando estrategias para optimizar el trabajo en dispositivos táctiles.
Cerramos esta fase con la sensación de haber aprendido programando de verdad, enfrentándonos a errores reales y celebrando los aciertos que daban vida a nuestras ideas. Hemos unido pensar, diseñar, prototipar y construir, y esto no es un final: es el punto de partida de todo lo que vendrá.
